Antes de su viaje a la Argentina, el Papa recordó conceptos clave de la doctrina social de la Iglesia
El Papa nacido en Chicago, pero también con nacionalidad de Perú -donde vivió la mitad de su vida sacerdotal- subrayó que los padres conciliares evidenciaron en su momento “el peligro para la paz mundial que deriva de los desequilibrios vinculados a un desarrollo económico que no es equitativo y que no respeta la creación”.
En la última audiencia general previa a su viaje a la Argentina -con escala anterior en Uruguay y posterior en su amado Perú-, el Papa no sólo pidió oraciones para esta gira -la más larga de su pontificado y a tres semanas de su operación por cáncer de pulmón-, sino también recordó la importancia de conceptos clave de la doctrina social de la Iglesia sobre vida social, política y económica.
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Al evocar la constitución pastoral Gaudium et Spes sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo promulgada por Pablo VI en 1965 al final del Concilio Vaticano II, advirtió que “son más actuales que nunca los llamamientos a comprometerse para eliminar las discriminaciones contra los grupos sociales más débiles y contra los migrantes” y recordó que uno de los conceptos fundamentales del magisterio social es “el destino universal de los bienes de la tierra”.
El Papa nacido en Chicago, pero también con nacionalidad de Perú -donde vivió la mitad de su vida sacerdotal- subrayó que los padres conciliares evidenciaron en su momento “el peligro para la paz mundial que deriva de los desequilibrios vinculados a un desarrollo económico que no es equitativo y que no respeta la creación”.
Vestido con un sobretodo blanco para cuidarse del frío, destacó que para corregir lo anterior se necesitan muchas reformas en la vida económico-social y un cambio de mentalidad y de costumbres en todos. “Por eso, Gaudium et spes presenta en síntesis la visión cristiana del desarrollo económico, que debe estar siempre al servicio del hombre y bajo el control del hombre”.
En este marco, destacó el concepto de desarrollo integral presente en la encíclica Populorum progressio (1967) de san Pablo VI y que el corazón de la economía es el trabajo.
“A través de él, el hombre se desarrolla como persona, satisface las necesidades de su familia, expresa su propio talento, participa en la vida social y construye un mundo mejor colaborando en la obra creadora de Dios.
El trabajo nunca puede ser tergiversado en detrimento de las personas, del bien común o de la creación. El verdadero desafío es ofrecer a todos oportunidades para poner en práctica sus capacidades: no son aceptables la desocupación, la explotación y las condiciones de trabajo que ponen en peligro la salud y la propia vida”, planteó, citando el texto conciliar.
“Los trabajadores tienen el derecho y el deber de participar en las decisiones que afectan a su actividad, también de forma asociativa, afrontando los conflictos con diálogo y acciones no violentas”, siguió.
“En este contexto, el Concilio recuerda uno de los principios fundamentales del magisterio social, es decir, el destino universal de los bienes de la tierra y lo aplica en el campo financiero, afirmando que los responsables de las inversiones y de la organización de la vida económica, tanto los particulares como los grupos o las autoridades públicas, deben […] vigilar, por una parte, a fin de que se provea de lo necesario para una vida decente tanto a los individuos como a toda la comunidad, y, por otra parte, de prever el futuro y establecer un justo equilibrio entre las necesidades actuales del consumo individual y colectivo y las exigencias de inversión para la generación futura”, destacó.

Recordó luego el concepto de bien común: “La comunidad política existe en función del bien común, que consiste en ‘el conjunto de aquellas condiciones de vida social con las cuales los hombres, las familias y las asociaciones pueden lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfección’”, recordó. “Y siempre hacia el bien común debe mirar el ejercicio de la autoridad política, que se estructura y obra según las circunstancias locales e históricas, pero siempre teniendo presente el bien de toda la familia humana”, enfatizó.
“Gaudium et spes reafirma que ‘la comunidad política y la Iglesia son independientes y autónomas, cada una en su propio terreno. Ambas, sin embargo, aunque por diverso título, están al servicio de la vocación personal y social del hombre. Este servicio lo realizarán con tanta mayor eficacia, para bien de todos, cuanto más sana y mejor sea la cooperación entre ellas’“, dijo también.
“Queridos hermanos, comprometerse en la economía y en la política según estos criterios es un modo de construir la paz. Como recordaba el Papa Francisco, ‘la guerra es un fracaso de la política y de la humanidad, una claudicación vergonzosa, una derrota frente a las fuerzas del mal’.
Al contrario, la política que cuida de las heridas de los pueblos y de quienes sufren injusticias ofrece motivos de esperanza para el futuro de la humanidad”, remarcó. “Por eso, animo a los jóvenes a seguir el ejemplo de aquellos hombres y de aquellas mujeres que en estos ámbitos dieron buen testimonio. Y renuevo mi exhortación a las comunidades cristianas para que se impulse de nuevo la formación sobre la doctrina social de la Iglesia”, concluyó.
El Papa, que como siempre al llegar a la Plaza dio vueltas en papamóvil para saludar a la multitud que lo aclamaba y también se detuvo a bendecir algunos bebes que le acercaron, ostentando muy buena forma física, al saludar en español y en italiano a los fieles presentes se refirió a su inminente viaje a América Latina.
“El próximo viernes partiré hacia Sudamérica, para visitar Uruguay, la Argentina y Perú. Me encomiendo a sus oraciones, para que este viaje fortalezca la fe, renueve la esperanza, reavive el fuego de la caridad y sea un impulso para seguir anunciando el Evangelio con alegría”, afirmó, sonriente. Cuando saludó al final en italiano, reiteró el pedido de apoyo espiritual “para que el Señor bendiga esta misión en estos países muy queridos por mí”.
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Fuente: La Nación
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